Parte Teórica
El Código de Ética deja claro en el artículo n°1: “la profesión docente deberá ejercerse con estricto apego y respeto a las consideraciones éticas y valores morales individuales y sociales de que se dan cuenta en el presente código, los usos, costumbres y tradiciones históricas del magisterio nacional y de acuerdo con la evolución que experimenten dichos conceptos en la sociedad”
De lo cual podemos entender: que es esencial en el ejercicio de esta profesión tener un cierto comportamiento, cumplir ciertos requisitos, poseer: respeto, tolerancia, cordialidad, responsabilidad, honradez, profesionalidad... todas dan el clavo, estamos hablando de una formación intelectual y del carácter de los alumnos.
La Educación encierra un Tesoro propone al hablar de la calidad del personal docente: “para que un docente obtenga buenos resultados, éste debe ejercer competencias pedagógicas muy variadas y poseer cualidades humanas, no sólo de autoridad, sino también de empatía, paciencia y humildad”
[1]Nos enseña que existe una preocupación por los valores en el docente como uno factores importantes dentro del proceso educativo. Pero no se nombran cualquier valor, pues si hablamos de una coherencia en docente, las tres cualidades nombradas exigen un trabajo previo o mejor dicho no son instantáneas, sobre todo la humildad. Humildad desde un sentido cristiano y filosófico, se le define como: caminar en la verdad.
Volvamos a citar este libro, aprender a ser: “la educación debe contribuir al desarrollo global de cada persona: cuerpo y mente, inteligencia, sensibilidad, sentido estético, responsabilidad individual y espiritualidad”.
[2]Sólo los docentes que toman atención a esta dualidad del ser humano, cuerpo y alma, es decir al desarrollo físico-biológico, psicológico-intelectual y espiritual-trascendente... comprenderán la totalidad del alumno, y no se quedarán al nivel del aprender a saber.
Bueno hasta aquí no hemos tenido un apoyo al 100% de nuestra investigación y aun nos falta saber cómo atañe al maestro el tema valórico en su relación con los alumnos. Bueno, ahora citaremos un libro llamado “De la Pedagogía”, donde dice claramente: “No es libre el individuo que está sometido a la coacción de la tradición o de la opinión reinante, que se somete de antemano a todo decreto de la autoridad social y sigue siendo incapaz de pensar por si mismo. Ni tampoco es libre el individuo cuya anarquía interior le impide pensar y que, dominado por su imaginación o su fantasía subjetiva, por sus instintos o por su afectividad, vacila entre todas las tendencias contradictorias de su yo y su inconsciente. Es libre en cambio el individuo que sabe juzgar, y cuyo espíritu crítico, sentido de la experiencia y necesidad de coherencia lógica se ponen al servicio de una razón autónoma, común a todos los individuos e independiente de cualquier autoridad externa”
[3]Encuentro más que interesante esta reflexión, que está enmarcada dentro de lo que es formar personas por medio de la educación. Mas adelante dirá el autor que los niños aprenden más libres con sus amigos, al autogobernarse, fijándose reglas y siente un peso a veces por las normas impuestas por los mayores. Aquí se dice, que el maestro que no lucha por esta tendencia espontánea (la de ser una autoridad como monarquía absoluta), inculcará este comportamiento a los alumnos.
Un maestro debe considerar el trabajo en equipo y guiarlo, ser confiado y depositar cargos en sus alumnos, para que se autogobiernen dentro de un límite y aprendan a ser más responsables. No es lo mismo que un profesor forme una personalidad libre o un individuo sometido al conformismo del grupo social que prevalece...
“Si la lección de moral puede ser admirable cuando la imparte un educador entusiasta, ¿no es el contacto con el hombre, más que contenido del curso, lo que resulta verdaderamente fecundo? Y si la lección es impartida por un hombre no excepcional (no digamos más), ¿no corre el riesgo de crear un espíritu del niño una prevención contra la moral misma?”
[4]Este párrafo no requiere más explicación, está claro cuan importante logra ser la actitud del profesor.
Pero demos un paso más. En el libro “Educación en Valores” de María Nieves de Gómez, ella habla de la importancia que cada integrante del proceso educativo debe vivir o contener ciertos valores pues se irradian al formando.
“Llegamos con la convicción de que la educación es un medio privilegiado de crecimiento personal del individuo humano y la comunidad; en este desafío que significa la educación, cada uno de los que intervienen en ella tiene ante sí el reto de descubrir los valores que fundamentan la propia existencia y sus sentido pleno.”
[5]Ahora dedica la autora un punto único llamado “El maestro y los valores”. Y recalca que en medio de este mundo materialista, que deshumanizado, tratamos de mirar hacia los valores. Y como educadores somos conscientes de dar sentido primero a nuestra propia vida, para proponer valores a los alumnos, para que ellos a la vez los descubran, los capten y los vivan.
Aquí se nombran todo lo que un maestro necesita
[6]:
1. fundamentar la calidad de su tarea educativa en valores humanos y morales.
2. hacer presentes los valores en la elaboración, desarrollo y conducción del currículo.
3. promover valores que dan sentido a la vida, para poder interpretarla desde la realidad de cada uno.
4. que la propuesta valoral contribuya eficazmente ala maduración y desarrollo íntegro de aquellos con los que se trabaja.
5. haber optado por unos valores personales que integren la propia manera de ser y de existir en el mundo.
6. dar testimonio de vida personal con sentido
7. respetar y estar abiertos a las diferentes opciones valorales.