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Friday, September 16, 2005

Acción Educativa (2da Parte)


Primera preocupación, la perfección personal


Como hemos podido seguir, la primera preocupación personal de un cristiano, es hacer la Voluntad de Dios. Es notable como por ejemplo en su primer libro sobre la vida afectiva de la adolescencia, el Padre Hurtado plantea el camino de buscar el bien primero por la contemplación de la belleza, o de llegar a las virtudes -superiores desde el respeto por las cosas, los animales, para llegar a desarrollar una delicadeza y cuidado que permitan luego tratar a los demás como su dignidad requiere. También son alentadoras sus palabras sobre la educación de la castidad, que apuntan más a buscar un ideal grande por el que vivir que a llenarnos de reglas y restricciones exteriores.
En este punto se puede encontrar un fuerte apoyo para una formación moral no del deber como imperativo, sino que de la vida como donación de sí. La moral de la Iglesia es para el Padre Hurtado un acomodarse a Cristo: "La moral católica es un acomodar todo creyente a Cristo; para hacer de él, otro Cristo".
Pero esta educación moral se verá corregida y aumentada desde la perspectiva de los vínculos profundos que nos unen al resto de nuestros hermanos:
"Santo Tomás llegó a decir que cualquier desfallecimiento en cualesquiera virtudes en alguna manera hiere la justicia social, pues toda falta aunque sea secreta repercute en el cuerpo social. No puede, por tanto, ser buen un buen ciudadano quien se limita a no violar la ley, pero es un perezoso, un gozador, un ignorante. Este es una calamidad desde el punto de vista social". (Humanismo Social p. 353)


Fundamento de la educación social

Para el Padre Hurtado lo que estaba en juego en la educación era una cuota inmensa de felicidad y vida plena para todos los hombres. Él esperaba que si se educaba a toda una generación en el amor a Dios, y por consiguiente, en el amor al prójimo, podría superarse la enorme pobreza de nuestra sociedad. Pobreza que era en primer lugar espiritual, y por supuesto de educación. Sería desde la doctrina del Cuerpo Místico, donde hará un esfuerzo por que sus oyentes y lectores contemplen los sufrimientos de los hombres, que al ser otros Cristo, son los sufrimientos de Cristo mismo que estamos llamados a aliviar. El cristiano es entonces plenamente solidario con todo lo humano y con todos los hombres, y la educación cobra el sentido social profundo que justifica salir al encuentro del otro:
"Un cristiano verdaderamente consciente de su fe no puede menos de preguntarse cuál es la situación sus hermanos, cuáles Son sus alegrías y sus dolores para gozarse con los que gozan y dolerse con los que lloran, como lo hacía Pablo de Tarso".
(Humanismo Social p.166)



Encarnación y libertad

El Padre Hurtado decía que la única manera de educar es asumiendo plenamente al otro, y respetando en la forma más completa su libertad. Esto con todo el riesgo y dificultad que implica. Pero no podríamos ser menos que Dios en este punto: si Él se fía de nosotros para su plan de salvación, qué menos podrá hacer el maestro para la educación de sus discípulos. Esto no sólo es un ideal, sino que es además un camino necesario.
Educar en la libertad, pasa a su vez por educar en la responsabilidad, en un camino similar al descrito por don Giussani, al modo de cómo un padre ayuda a su hijo en sus primeros pasos, lo afirmará para que no caiga, pero esperará que lo antes posible camine por su cuenta. No habrá padre que se arrepienta de que su hijo camine por su cuenta, lo mismo no habrá educador que se arrepienta de que su discípulo haya madurado responsablemente. Pero este educador tendrá que haber mostrado con convicción cuál es el origen de la felicidad, invitando al discípulo a seguirla.
El Padre Hurtado apuntará a la misma radical importancia de 1a libertad en todo el proceso educativo:
"Dar responsabilidades supone exponerse de antemano a irresponsabilidades. Las primeras experiencias de la libertad llevan a abusos a la libertad. Esto debe preverlo el educador, para que no se amargue cuando lleguen esas realidades que a ratos desconciertan. No constituyen un fracaso. El gran fracaso es por miedo a los fracasos, no poner al niño en posibilidad de éxito o de fracaso. Ayúdelo a hacer recto uso de su libertad pero no la suprima".
"¡Cuántos hombres habrían sido diferentes si hubieran encontrado en su vida alguien que hubiese tenido fe en ellos, alguien que hubiese sabido penetrar la corteza de indolencia y apatía que cubre los grandes valores del alma como el carbón cubre el diamante; pero se necesita un experto y sobre todo un hombre que tenga fe en el hombre y en la gracia de Dios, siempre dispuesta a ayudar a la más noble de sus obras!".

Conclusión:

Terminando, se puede decir que en el pensamiento educativo del Padre Hurtado encontramos orientaciones contundentes, que podrían iluminar el quehacer de los padres de familia, maestros de hoy, y que nos invita a leer sus obras.
Cuando el problema metodológico ha perdido mucho de su carácter combativo, quedan aún pendientes las cuestiones fundamentales que trató el Padre Hurtado en su obra educativa. La respuesta más plena la tiene la educación inspirada en lo más alto, que vive de la experiencia del encuentro con Dios y con el mayor respeto a la libertad del otro. La visión crítica sobre los fundamentos filosóficos de las doctrinas pedagógicas actuales hace tanta falta como setenta años atrás, y en esto también el Padre Hurtado nos da una lección de rigor científico y de apertura a la Verdad, donde esté.


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